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Filosofía de APDE

¿Qué ideas-madres esenciales, presidieron el comienzo a la Asociación? ¿Qué principios básicos siguen inspirando toda la labor docente y formativa?

Como padres de familia, nos propusimos establecer unos centros escolares en los que nuestros hijos recibieran un determinado tipo de educación que resultara coherente con los valores que nos esforzábamos por hacer realidad en nuestra vida personal y familiar. Una educación que fuese fiel reflejo de nuestras convicciones más profundas: que nos permitiera ser fieles a nuestro modo de pensar y a nuestra forma de vivir, y esto porque somos conscientes de nuestro derecho fundamental, irrenunciable, a la educación de nuestros hijos, es anterior a cualquier otra instancia social y desde luego a la acción del Estado.

Entendíamos que el hombre es un ser creado por Dios a su imagen y semejanza, compuesto de cuerpo y espíritu y enriquecido por el don especialísimo de la libertad. Por tanto, la educación que deseábamos para nuestros hijos debía comprender todas las facetas del hombre, como ser singular e irrepetible: este es el fundamento de la educación personalizada que deseamos para cada uno de nuestros hijos. Y como consecuencia, buscábamos una educación completa que atendiese a los aspectos intelectuales y técnicos, culturales, deportivos, estéticos, sociales y espirituales; en definitiva, al desarrollo de la totalidad de la persona.

Conscientes de que el cristiano, por el Bautismo, está llamado a trascender. ha sido elevado a la categoría de hijo de Dios, llamado a la santidad personal. Y habríamos perdido el tiempo si nuestros hijos no hubieran asumido, no se hubieran empapado de este fundamento de su dignidad y de su vida espiritual, que les ha de llevar a encontrar a Dios en todas las circunstancias: en el trabajo y en el descanso, en la vida de familia y en la actividad profesional y social.

Sobre este riquísimo fundamento, se diseñó el Proyecto Educativo de las asociaciones educativas, que habían de realizarse como medios ordinarios, apoyado sobre todo en el trabajo bien hecho, en el esfuerzo y en el estudio personales de profesores y alumnos. En este proyecto educativo se resaltan algunas ideas fundamentales:

Buscar y amar la verdad

En primer lugar, el empeño por conseguir que los alumnos alcancen un nivel académico alto, que les permita no sólo realizar luego con holgura los estudios universitarios, sino mantener la inquietud por buscar y amar la verdad: con espíritu abierto y sentido crítico que les capacite para analizar las distintas situaciones en las que se encuentren, la forma que puedan quedarse con lo bueno y rechazar lo malo, sin que el centro escolar imponga criterios, sino que enseñe a vivir un exquisito respeto hacia las convicciones de los demás, condición indispensable para poder exigir el respeto por las que cada uno de nosotros mantiene.

Hombres capaces de amar la libertad y defenderla

Se trata, en definitiva, que nuestros alumnos puedan ejercer su libertad y responsabilidad personales. Que sepan llevar con garbo su propio ambiente dondequiera  que se encuentren, y resistir las presiones de las modas al uso en la vida social o en los ambientes intelectuales, cuando esas modas desdicen de la dignidad del hombre y empobrecen la vida humana.

Hombres capaces de amar la libertad y de defenderla. Una libertad entendida, no como desprecio sistemático de cualquier vínculo, sino como capacidad de elegir personal y responsablemente el bien, y de aceptar con coherencia las consecuencias de esa elección.

Deseamos que –en un clima de confianza y libertad- los alumnos aprendan a ser sinceros, leales, cumplidores de la palabra empeñada y de los compromisos que han adquiridos. Los queremos valientes para afrontar las consecuencias de sus acciones y para enfrentarse con las dificultades: en una palabra, hombres de bien, capaces de liberarse del egoísmo y, por tanto, de amar y de llenar sus vidas de sentido.

Ideales de servicio

Nuestros hijos han de aprender, en casa y en el centro escolar, a valorar la amistad; a desarrollar hábitos de convivencia, y a cultivar los detalles de educación y tono humano, que hacen agradables y enriquecen las relaciones entre los hombres.

Han de vivir mucho más que la tolerancia, el amor, la comprensión, la capacidad de perdón, la solidaridad y la cooperación, y hacer suyo el espíritu de servicio que se materializa en multitud de detalles en casa, con los compañeros, en la vida social.

Queremos que nuestros hijos aprendan a cultivar los detalles de orden; la puntualidad, las buenas maneras, la limpieza, el cuidado de las cosas materiales y la sobriedad, sintiéndose administradores de unos bienes y no devoradores siempre insatisfechos de bienes de consumo, sólo preocupados por aumentar el nivel de bienestar material.

Es un panorama ambicioso, nada fácil de conseguir, que requiere esfuerzo personal constante para superar los inconvenientes internos y las dificultades del ambiente. Pero se trata también de un esfuerzo que trasciende un simple voluntarismo, porque se apoya en ideales de servicio.